FAKE NEWS en logística: cómo un rumor puede costar millones
En logística estamos acostumbrados a gestionar imprevistos: retrasos, picos de demanda, falta de capacidad o incidencias en transporte. Pero hay un riesgo mucho menos visible y cada vez más frecuente: tomar decisiones basadas en información falsa o mal interpretada.
En un sector donde todo está conectado, una noticia incorrecta puede provocar compras de pánico, sobrecostes logísticos o decisiones estratégicas difíciles de deshacer. Y lo más preocupante es que muchas veces no hablamos de noticias falsas intencionadas, sino de rumores, datos descontextualizados o mensajes alarmistas que se difunden sin contraste.
Qué entendemos por fake news en logística
Una fake new logística no suele aparecer como un bulo evidente. Normalmente adopta formas mucho más sutiles, como:
“Los puertos están cerrados” (COVID 19). Durante la pandemia, este mensaje provocó compras de pánico y saturación de almacenes, cuando en realidad muchos puertos seguían operando con restricciones, no cerrados.
“No hay contenedores” (2021). El problema no era la falta total, sino la mala rotación y ubicación. Aun así, muchas empresas aceptaron fletes desorbitados sin análisis.
“Con el Brexit esto no va a pasar”. Interpretaciones erróneas de la normativa generaron más retrasos y costes administrativos que la propia regulación.
Mensajes que contienen algo de verdad, pero que están incompletos, exagerados o fuera de contexto. El problema no es solo la información, sino la velocidad con la que se reacciona ante ella.
Por qué la logística es tan vulnerable a la desinformación
La cadena de suministro trabaja con márgenes ajustados y la información cambia constantemente. Hay presión por tomar decisiones rápidas por los distintos actores que intervienen. Un error pequeño puede amplificarse a lo largo de toda la cadena. En este contexto, un rumor nos puede parecer suficiente para “actuar por si acaso”. Y ahí empiezan los problemas.
Qué pasa cuando decidimos con mala información
Las consecuencias son muy reales: se incrementan inventarios sin necesidad, se aceptan costes de transporte inflados. En algunos casos se toman decisiones defensivas que reducen flexibilidad o aparece el conocido “látigo” en la demanda. En definitiva, se deteriora la confianza entre clientes y proveedores.
Paradójicamente, muchas veces la reacción a la noticia falsa genera más daño que la situación real. Un caso llamativo fue la falsa escasez global de contenedores. En 2021 se instaló una idea muy clara en el sector: “no hay contenedores en el mundo”. El mensaje se repetía en medios, redes profesionales y conversaciones informales entre operadores.
La realidad era que los contenedores existían, pero estaban mal posicionados, con ciclos de retorno más largos y concentrados en determinadas rutas. El problema era logístico, no de fabricación.
¿Cómo reaccionaron muchas empresas? Algunas aceptaron tarifas marítimas históricamente altas, otras cambiaron de proveedor sin análisis a medio plazo, hubieros las que aumentaron inventarios para “asegurar suministro”, e incluso se llegó a rediseñar redes logísticas de forma precipitada.
El resultado fue que los costes logísticos se dispararon. Hubo un gran capital circulante inmovilizado y en consecuencia también una menor flexibilidad cuando el mercado se normalizó. Las empresas más preparadas, contrastaron la información con datos operativos reales, analizaron flujos y tiempos de ciclo, usaron escenarios y simulaciones y negociaron basándose en datos, no en miedo.
Y es que sucumbir a la noticia falsa como un relato simplificado de la realidad, llevó a muchas empresas a una toma de decisiones complejas y costosas.
En logística, la información mueve más mercancía que muchos camiones. Reaccionar rápido es importante, pero reaccionar bien lo es aún más. En un entorno saturado de mensajes, titulares y opiniones, el pensamiento crítico y la calidad del dato se convierten en una ventaja competitiva. Porque un rumor puede cruzar la cadena de suministro en segundos… y dejar consecuencias durante años.



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