Colombia: logística, talento y aprendizaje allí donde las cosas suceden
Durante el mes de agosto tuve la oportunidad de viajar a Colombia y participar en una intensa semana de visitas técnicas a empresas e instituciones vinculadas con la logística, la distribución, el comercio internacional y la formación.
El recorrido nos llevó por diferentes organizaciones de Bogotá y su entorno: Rhenus Logistics, ALDIA Logística, Alpopular, Universidad Compensar, la Corporación Colombiana de Logística (CCL) y OPAIN. Una combinación especialmente interesante que permitió acercarnos a la logística desde perspectivas muy diferentes: operadores logísticos, centros de distribución, instituciones, formación y uno de los principales nodos aeroportuarios del país.
Pero hubo un elemento que hizo que la experiencia resultara todavía más enriquecedora: realizar este recorrido acompañado por instructores del SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje). Esto nos permitió no solo conocer operaciones y conversar con sus profesionales, sino analizar conjuntamente lo que está sucediendo en el sector y reflexionar sobre cómo trasladarlo a la formación.
De la teoría a la realidad de las operaciones
Quienes nos dedicamos a la logística hablamos constantemente de planificación, inventarios, transporte, almacenamiento, nivel de servicio, productividad, tecnología o indicadores. Analizamos modelos, trabajamos casos y utilizamos datos para tomar decisiones.
Todo ello es necesario, pero entrar en una operación real cambia la perspectiva.
Las visitas a Rhenus Logistics, ALDIA Logística y Alpopular nos permitieron observar cómo muchos de estos conceptos terminan materializándose en instalaciones, procesos, flujos, tecnologías y, sobre todo, personas.
Por eso, optimizar una parte de la cadena sin comprender el conjunto puede significar simplemente trasladar el problema de un punto a otro.
Una impresión muy positiva de la logística colombiana
Una de las principales conclusiones que me llevo del viaje es precisamente el dinamismo y el buen estado del sector logístico colombiano.
Las diferentes visitas mostraron organizaciones preocupadas por mejorar sus operaciones, incorporar tecnología, aumentar la eficiencia y desarrollar capacidades para responder a cadenas de suministro cada vez más complejas.
También existen algunos indicadores interesantes que acompañan esta percepción. En Bogotá y los 59 municipios de Cundinamarca bajo la jurisdicción de la Cámara de Comercio de Bogotá se crearon 2.053 empresas vinculadas al clúster de logística y transporte durante 2025, un 2% más que el año anterior.
Pero un sector no se desarrolla únicamente por el esfuerzo individual de sus empresas. Necesita un ecosistema que facilite la colaboración entre compañías, instituciones, administraciones, centros educativos y profesionales.
Y aquí merece una mención especial el trabajo desarrollado desde la Cámara de Comercio de Bogotá y, particularmente, la labor de Mario Fontalvo Fontalvo, líder del Clúster de Logística y Movilidad, impulsando iniciativas de colaboración y fortalecimiento del ecosistema. La propia Cámara sitúa sus iniciativas clúster como instrumentos para potenciar la competitividad empresarial y la articulación entre los diferentes actores.
Todo ello refuerza una de las ideas que estuvieron muy presentes durante mi estancia: la competitividad logística no se construye desde una única organización.
El Dorado: comprender la logística desde una perspectiva más amplia
La visita a OPAIN permitió ampliar todavía más esta visión y acercarnos a la importancia que tienen las grandes infraestructuras dentro de un ecosistema logístico.
Observar la logística desde el entorno aeroportuario ayuda a comprender que una cadena de suministro moderna es mucho más que transporte y almacenamiento. En ella intervienen infraestructuras, operadores, cargadores, autoridades, tecnología, servicios especializados y profesionales que deben actuar de forma coordinada.
La competitividad logística de un territorio depende, por tanto, de disponer de infraestructuras adecuadas, pero también de empresas competitivas, profesionales cualificados, tecnología, conocimiento y capacidad de colaboración.
Tecnología sí, pero también personas
Otra reflexión que me llevo de Colombia tiene que ver con la transformación tecnológica del sector.
Cuando hablamos del futuro de la logística aparecen rápidamente conceptos como inteligencia artificial, automatización, robotización, IoT, analítica de datos o sistemas avanzados de gestión.
La Corporación Colombiana de Logística (CCL), una de las visitadas y con una mayor adaptación de innovaciones tecnológicas, había sido galardonada en la segunda edición de los Premios Internacionales de Logística (2024), otorgado por ICIL en conjunto con entidades aliadas del sector.
El reconocimiento se otorgó en la categoría de innovación por su proyecto de vanguardia tecnológica "Gemelo Digital de la Cofradía". Esta herramienta fue desarrollada e implementada en su centro de distribución en Colombia para simular escenarios virtuales, optimizar operaciones en tiempo real y fortalecer toda su cadena de valor y suministro.
Sin embargo, detrás de cualquier transformación tecnológica existe otra transformación igualmente importante: la de las competencias de las personas que deberán utilizar esas tecnologías.
No basta con incorporar nuevas herramientas. Las organizaciones necesitan profesionales capaces de interpretar información, analizar problemas, tomar decisiones, colaborar con otras áreas y adaptarse continuamente a los cambios.
Y es precisamente aquí donde la experiencia compartida con los instructores del SENA adquiere una dimensión especialmente interesante.
SENA: conectar la empresa con la formación
Realizar las visitas acompañado por instructores del SENA permitió analizar cada experiencia desde una doble perspectiva.
Por un lado, entender cómo están funcionando actualmente las empresas. Por otro, plantearnos continuamente una pregunta:
¿Qué competencias necesitarán los profesionales que trabajarán en estas organizaciones en los próximos años?
Y esa pregunta conduce inevitablemente a otra:
¿Estamos preparando hoy a nuestros estudiantes para esa realidad?
Las conversaciones mantenidas durante las visitas permitieron conectar aquello que observábamos en las empresas con la formación: procesos, automatización, sostenibilidad, competencias digitales, nuevas tecnologías, organización del trabajo y evolución de los perfiles profesionales.
La visita a la Universidad Compensar permitió además incorporar otra mirada educativa a esta reflexión.
Todo ello refuerza una convicción que considero fundamental: la formación debe mantener un contacto permanente con la realidad empresarial.
La colaboración entre empresas y centros de formación no debería limitarse a las prácticas de los estudiantes. Las empresas pueden ayudar a identificar cómo están evolucionando las ocupaciones y qué competencias empiezan a necesitar; y los centros educativos pueden convertir ese conocimiento en programas, contenidos y experiencias de aprendizaje que preparen mejor a los futuros profesionales.
Comparar para aprender
Viajar y conocer otras realidades empresariales también permite cuestionar nuestras propias referencias.
Colombia y España tienen contextos diferentes, pero muchos de los desafíos que afrontan sus cadenas de suministro son compartidos: mejorar la productividad, gestionar mejor los inventarios, aumentar la visibilidad, reducir costes, incorporar tecnología, avanzar hacia operaciones más sostenibles y disponer del talento necesario para afrontar todos estos cambios.
Precisamente por eso resulta tan enriquecedor conocer cómo otras organizaciones están respondiendo a esos retos.
No se trata de determinar quién lo hace mejor o peor. Se trata de comparar para aprender, aprender para cuestionar y cuestionar para mejorar.
Empresa, conocimiento y formación
Después de una semana recorriendo empresas e instituciones junto a instructores del SENA, regreso con una impresión especialmente positiva sobre el presente y el potencial del sector logístico colombiano.
He podido conocer organizaciones que están evolucionando y transformando sus operaciones, profesionales con un profundo conocimiento de la logística y un ecosistema que está trabajando para conectar empresas, instituciones y formación.
En este desarrollo resulta especialmente valiosa la labor de organizaciones como la Cámara de Comercio de Bogotá y de profesionales como Mario Fontalvo, generando espacios de colaboración y trabajando en el fortalecimiento del Clúster de Logística y Movilidad.
Me llevo también muchas conversaciones, nuevas ideas y numerosos ejemplos que poder trasladar al aula.
Pero, sobre todo, regreso con dos convicciones reforzadas.
La primera es que el futuro de la logística se construye conectando empresa, conocimiento y formación.
Y la segunda, quizá todavía más sencilla: una de las mejores formas de aprender logística sigue siendo acercarse a los lugares donde la logística realmente sucede.
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