Clasificación de las inversiones



Proyectos de inversión se pueden tener todos aquellos que sean considerados como posibles o deseables, desde el punto de vista de consecución del objetivo que la organización haya estipulado.

La toma de decisión sobre qué proyecto escoger mejor, o sobre la viabilidad del mismo, dependerá de la clase de proyecto que estemos analizando.

Cuando ya se habla de clase de proyecto, se está haciendo referencia a que existen diferentes características en cada uno, según sean estas peculiaridades. El proyecto tendrá un atractivo para el inversor o carecerá del mismo.

La clasificación realizar atendiendo a diversos criterios, entre ellos la naturaleza del proyecto, su función en el seno de la empresa, su duración, el objeto de la inversión, en función de la corriente de cobros y pagos, en función de las relaciones entre las diversas inversiones y en función de los flujos de caja generados.

SEGÚN LA NATURALEZA Y SU FUNCIÓN FINANCIERA EN LA EMPRESA


            Atendiendo a la naturaleza de la justificación económica del proyecto de inversión, y a la función financiera que desarrollan en la empresa, se puede clasificar las inversiones en distintos grupos.

            El primero de ellos serían aquellos proyectos necesarios, que incluiría tanto las inversiones realizadas para reponer el bien depreciado o que va quedando obsoleto, como las inversiones que la empresa debe de realizar por motivos de seguridad, sanidad, higiene, medio ambiente. Estas últimas coinciden con las inversiones de exigencia legal, las cuáles se han de realizar sin tener en cuenta su rentabilidad.

            También están las inversiones de rentabilidad indirecta, como son todos aquellos proyectos destinados a cubrir algún tipo de pérdida extraordinaria que haya sufrido la empresa (por ejemplo la sustitución de un transformador que se ha quemado). La rentabilidad en este caso viene por el daño que podría causar a la empresa si no se realiza la inversión.

            En el mismo grupo estarían englobados los proyectos destinados a investigación y desarrollo, que si bien son deficitarios para la empresa, se valoran por la mejora de la productividad o de la calidad en la organización

Hay un primer grupo que se podría llamar inversiones de renovación, reposición o reemplazo; su objeto es sustituir un elemento antiguo por uno nuevo, como por ejemplo la renovación de los edificios y vehículos existentes.

Un segundo tipo serían las inversiones de expansión; su objeto es hacer frente a demandas crecientes. Se tratará de obtener más capital circulante y/o capital fijo, para aumentar el volumen de ventas de las líneas de producto existentes. Se invertirá en bienes de equipo, nuevas plantas para la producción, o cualquier otro inmovilizado que favorezca el crecimiento de la empresa, incluidas las campañas de publicidad inherentes a la promoción y venta del producto. Por lo tanto, este tipo de proyectos generarán una serie de flujos de entrada, pero a su vez, también se tendrán que tener en cuenta todos aquellos flujos de salida que hayan.

A continuación están las inversiones estratégicas; su objeto es mantener y reafirmar la posición de la empresa en el mercado, reduciendo al mínimo los riesgos del progreso técnico y la competencia. Se trata más de inversiones con las que se pretende actuar sobre los costes de producción para evitar que a la empresa le afecten las continuas variaciones del mercado. Se sustituyen medios de producción por otros que sean más económicos y competitivos.

Otro tipo son las inversiones de modernización o innovación; su objeto es mejorar el producto existente o el lanzamiento de nuevos productos. Además de los desembolsos necesarios, si estamos hablando de mejorar un producto ya existente, en este tipo de proyectos, para poder aumentar el número de unidades vendidas, incrementar el precio, o mejorar de la calidad, la inversión puede suponer un aumento de los gastos. Por lo tanto, se deberán tener en cuanta en su análisis tanto los ingresos adicionales, como los gastos adicionales que se diesen. Cuando se trate de lanzar un producto no existente en la gama de productos ya fabricados, en el consiguiente análisis se considerarán todos los flujos de caja generados sean de entrada o de salida.

Un último grupo serían las inversiones de exigencia legal; su objetivo es el de cumplir con las normas establecidas. Por ejemplo, en materia de sanidad, seguridad laboral o medioambientales. Implicará más la asunción de costes adicionales

EN FUNCIÓN DE SU DURACIÓN


            Si se clasifican en función de su duración, podríamos diferenciar entre inversiones a corto plazo, cuando su duración es menor al año; inversiones a medio plazo, cuando la duración está entre el año y los tres años; y por último, inversiones a largo plazo, para aquellos proyectos cuya duración es superior a los tres años.


EN FUNCIÓN DEL OBJETO DE LA INVERSIÓN


La empresa podrá clasificar el proyecto en función del objeto de la inversión según el activo que se esté financiando, la inversión puede ser, por ejemplo, en equipos industriales, en mobiliario, en materias primas, en maquinaria, en vehículos o en cualquier otro activo.

EN FUNCIÓN DE LA CORRIENTE DE COBROS Y PAGOS


            Si la clasificación de las inversiones responde a la corriente de cobros y pagos, se podrá clasificar cada uno de los proyectos como inversiones con un pago y un cobro, con varios pagos y un solo cobro, con un solo pago y varios cobros y con varios pagos y varios cobros.

            Más adelante se trata la clasificación de los proyectos de inversión en función de los flujos de caja netos. Como flujo de caja neto se entiende la diferencia entre los cobros y los pagos de un período determinado.

            No obstante, el concepto de flujo de caja se explicará más adelante cuando se hable de las magnitudes que definen una inversión.

EN FUNCIÓN DE LAS RELACIONES ENTRE LAS DIVERSAS INVERSIONES


            Otra clasificación viene dada por la relación que tienen entre ellos los diversos proyectos que lleva a cabo una empresa, ya sean dos, tres o más proyectos los que se lleven a cabo.

            Cuando la realización de uno de ellos no condiciona, ni impide, ni obliga la realización de los otros estaríamos ante inversiones autónomas o independientes. Son inversiones que no tienen relación entre sí.

            Las inversiones complementarias son aquellas en las cuáles la realización de una de ellas exige la realización de otras, no se podrá emprender un segundo proyecto si en un inicio no se ha realizado el primero. Por ejemplo, para poder invertir en un proyecto de instalación de aire acondicionado, como proyecto anterior se deberá tener ya unas oficinas en marcha. En este caso la inversión del aire acondicionado es complementaria de la anterior, pero no sucede lo mismo al revés.

            Por último tenemos las inversiones sustitutivas, cuando la realización de una de ellas excluye automáticamente la realización de otras. El ejemplo típico sería, ante un aumento de la demanda, hacer frente al mismo comprando nueva maquinaria o manteniendo la vieja, si no está utilizada al máximo de su capacidad, pero aumentar la plantilla de trabajadores para que así la maquinaria vieja produzca más. El tomar una decisión sobre uno de los dos proyectos supondrá el rechazo del otro, por lo que el análisis y la selección debe de ser exhaustivo.

            Para tomar la decisión sobre qué proyecto escogeremos entre dos inversiones sustitutivas, tendremos en cuenta los flujos diferenciales. ¿A que se refiere la expresión flujo diferencial? No es más que tener en cuenta, solamente aquellas características que hace que ambos proyectos sean diferentes y prescindir de lo todo lo que no varíe de una inversión a otra.

            En el caso anterior planteado como ejemplo de la compra de nueva maquinaria y la contratación de nuevos operarios, sólo estudiaremos los flujos relativos al coste , al leasing de la maquinaria o al coste de la mano de obra adicional. Los flujos referentes a la cifra de ventas o coste de producción, por citar algunos, serían obviados por ser comunes a los dos proyectos.

EN FUNCIÓN DE LOS FLUJOS DE CAJA GENERADOS


            Lo habitual en los proyectos de inversiones, es que los flujos de caja sean todos positivos, es decir, que representen entradas de dinero, excepto el desembolso inicial que es negativo.

            Sin embargo, hay proyectos en los que hay dos o más cambios de signos en la serie de flujos. Este podría ser el caso de una inversión en un bien de equipo, en la cuál, además del desembolso inicial, se deben de hacer desembolsos adicionales en momentos posteriores que formarán parte del proyecto de inversión.

            En función del signo positivo o negativo que tomen cada uno de los componentes de la serie de flujos, se puede obtener una nueva clasificación de las inversiones.

En el primer caso, en el cuál toda la serie de flujos de caja son positivos excepto el desembolso inicial que es negativo, estaríamos ante una inversión simple o convencional.

            Cuando los flujos de caja asociados al proyecto de inversión, pasan aleatoriamente de positivos a negativos o viceversa, se tratará de una inversión no simple o no convencional.

            Un ejemplo que podría ilustrar una inversión no simple, sería aquella que se realiza sobre la extracción de determinado mineral. La empresa que adquiere la licencia tendrá un desembolso inicial en dicha licencia de extracción en determinado terreno. Imagine el lector, que además, el contrato implica el posterior acondicionamiento del terreno explotado una vez finalizada la concesión. Para simplificar el ejemplo, se supone que la extracción del mineral se da durante el primer año, y en el segundo, la empresa tiene que dejar el terreno en condiciones óptimas para el disfrute de los vecinos del pueblo que cedió la licencia. En este caso se tiene una inversión con un desembolso inicial y con dos flujos de caja de signo diferenciado, lo cuál indica que se trata de una inversión no simple, como ha quedado dicho en la definición anterior.

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