El turista colonizador

Según el diccionario de la lengua española de la Real Academia, colonizar viene a ser, cuando un conjunto de personas procedentes de un territorio determinado deciden establecerse en otro lugar, o cuando se forma un conjunto de personas de idéntica procedencia en un lugar distinto al de su territorio de nacimiento.

Existen muchos ejemplos de colonizaciones en la historia. Antaño, las guerras, fenómenos migratorios, pobreza, o conquistas, llevaban consigo la colonización de lugares por todo el globo terráqueo. No obstante, me interesa más el fenómeno que se da en la actualidad, en las nuevas colonizaciones del siglo XXI: el turismo.

Los grandes centros turísticos mundiales, se han convertidos en una colonia de occidente y de la clase alta del resto de países. ¿No es cierto que, vayamos a dónde vayamos, siempre encontramos al mismo tipo de personas en los hoteles, museos, yacimientos históricos, ciudades y/o playas turísticas? De acuerdo que en el mismo hotel, no están las mismas personas toda la vida, ni todo un año. Ni siquiera en la mayoría de los casos todo un mes. Sin embargo, si al conjunto de personas les quitamos la identidad: nombre, pasaporte, cara, y nos fijamos que cada una de ellas, tienen características similares, ya tenemos el conjunto de personas que establecen la colonia. Piense en la mayor atracción turística de su localidad. Haga el experimento de pasarse unos días observando quiénes van a visitarla. Llegará a la conclusión de que el grupo de turísticas sigue un mismo patrón de procedencia, nivel de ingresos y cultural. Estaríamos hablando de que los países desarrollados han creado sus propias colonias para el ocio y la diversión.

Los turistas quieren descansar y pasar unas vacaciones felices sin complicaciones. La industria turística quiere asegurarse de que no habrá el menor problema. La mejor forma de hacerlo es construir colonias propias que pueden ser controladas y manipuladas a su antojo.

El nuevo colonialismo llega a través de aeropuertos, estaciones, puertos y carreteras, pero con pasaporte en mano. El país receptor, se beneficia en la mano de obra barata que presta para los puestos poco cualificados, pero en la mayoría de casos, los beneficios son repatriados a la empresa matriz.

Duccio Canestrini hace un análisis interesante sobre el turismo como colonización a través de su libro “No disparen contra el turista” (publicado en “No sparate sul turista, 2004”). Habla de cómo será el turismo del futuro, y de todo lo que esconden los viajes organizados de los “tour-operadores”. Llega incluso a ridiculizar la paranoia creciente que envuelve al tema de la seguridad en aeropuertos y en grandes colonias turísticas.

Sin duda alguna, un libro recomendado para todos los que les gusta viajar.