La autofinanciación

Por definición la autofinanciación son recursos que la empresa genera por sí misma en el desarrollo de sus actividades, es decir, a través de medios internos, sin acudir a los mercados financieros. Formalmente equivaldrían a ingresos que no se han distribuido como es el caso de las reservas, las provisiones y las amortizaciones.

La autofinanciación se puede obtener de diversas formas, mediante una ampliación de capital, por medio de la constitución de reservas o a través de fondos de amortización o provisión. También con una ampliación de capital o en el caso de entregar acciones liberadas en lugar de pagar dividendos. Cuando la empresa dota a reservas el beneficio no distribuido está creando autofinanciación. Dichas reservas, si permanecen inactivas no es autofinanciación, por muy elevado que sea su volumen. Pueden ser reservas voluntarias, estatutarias o legales (por ley se deberá dotar el 10% del beneficio neto a reservas legales hasta que estas constituyan el 20% del capital social), como tipologías más comunes.

La dotación a los fondos de amortización en una vía más de autofinanciación de que dispone la empresa. Los fondos de amortización, es una cuenta de pasivo que refleja la parte del activo no coerriente a precio de coste que se ha amortizado. Formalmente está restando al inmovilizado material o inmaterial en el activo.

La autofinanciación puede constituirse para mantener el valor productivo de la empresa, denominándose en este caso, autofinanciación de mantenimiento. Ayuda a financiar inversiones que mantienen inalterada la capacidad productiva. Cuando la autofinanciación sea de expansión o enriquecimiento, se financiarán inversiones que harán crecer a la compañía.

Entre las ventajas de autofinanciarse, se pueden citar la mayor rentabilidad que obtiene la empresa. También se logra una reducción de gastos bancarios y administrativos, ya que no hay ningún intercambio patrimonial entre la empresa y terceros. La autofinanciación evita gastos notariales y dota a la empresa de una mayor autonomía financiera. En tiempos de incertidumbre sería la solución con la que menos se arriesga la empresa, pues no le ocasionará gastos o salidas de dinero adicionales. Al no ser un intercambio patrimonial, no es una operación gravada por el impuesto de transmisiones patrimoniales como podría ser una ampliación de capital.

Sin embargo, autofinanciarse reducirá los dividendos a los accionistas. Si bien se obtiene una mayor rentabilidad de la empresa, provoca una disminución de la rentabilidad del patrimonio social. El aumento de recursos propios ocasionará una perdida de la efectividad de la gestión de la dirección, ya que tendrá un menor control sobre las variables para reducir costes de financiación, a través de la correcta toma de decisiones.