Información financiera para "stakeholders"

En la antigüedad, la contabilidad consistía en un registro de la actividad económica y del patrimonio que poseía la persona, fruto de los diversos procesos productivos y administrativos que se sucedían. El método de la partida doble, estudiado en 1494 por Fray Luca Pacioli en su libro “La summa”, aportó una nueva consistencia a las operaciones comerciales, ya que permitía conservar la huella de la evolución de cada uno de los movimientos de las diferentes partidas en cada instante. Sin embargo, la ingeniería contable desatada en las últimas décadas, ha borrado en parte la marca dejada por los contables en los libros. Como consecuencia, la actualidad está salpicada de oscuros “affaires” contables que se suceden uno tras otro, que han manchado la imagen fiel del auditor, del contable y del analista (personajes principales de la actualidad financiera).

Lejos de querer lavar la imagen de aquellos fraudes que han inundado la prensa, el análisis de estados financieros, nos permite trabajar con las herramientas utilizadas por los analistas, y así explicar las técnicas que sirven para diagnosticar la situación patrimonial, financiera y económica de la empresa. Con ello no se va a lograr el objetivo de evitar futuros “affaires” que dañen a la imagen del empresario, sino que se va a intentar mostrar, cuál es la labor que lleva a cabo en el mundo empresarial el analista de estados financieros.

En una aproximación previa, sería conveniente empezar el estudio con una definición que clarifique el significado de la Contabilidad. A modo de simplificación, se podría definir la labor de la ciencia contable como, la visión de la realidad económica que capta el contable y la representación de dicha realidad a la que se enfrenta la empresa a diario. A través de los principios contables y de las normas de valoración, el contable puede medir la realidad económica de su entorno, para después representarla y plasmarla en los libros, registro que quedará recogido en libros para justificar las operaciones que realizó la compañía durante el período. Algo tan sencillo como lo descrito, será la tarea principal encomendada al contable.

Ahora bien, el protagonista en el mundo del análisis no es el contable, él ya ha finalizado su trabajo cuando nuestro héroe, el analista, entra en escena. Él trabajará con los registros realizados en los estados financieros, por lo tanto, lo interesante sería averiguar: ¿cuál es la función de un analista? ¿Qué herramientas utiliza el analista? ¿Qué finalidad tiene para la empresa el trabajo del analista? ¿Dónde quiere llegar con su análisis? Estas y otras preguntas que se puedan plantear es lo que se va a tratar de explicar en adelante. Lejos queda ahora la imagen de hace miles de años, del escriba sumerio (bajo las leyes del código de Ur-Nammu) o del babilonio (supeditado al código quizás menos avanzado de Hammurabi), que llevaban sus registros en tablillas o ladrillos. Anotaban los datos referentes a todo tipo de transacciones comerciales con otros pueblos, censos de habitantes de aquellas primeras ciudades, y, por supuesto, la contabilidad de las cosechas, los sueldos de los ejércitos y de los diferentes niveles de funcionariado ya existente. Queda registro de todo ello gracias a las miles de tablillas en escritura cuneiformes, algunas de las cuáles se conservan en diferentes museos por toda la geografía mundial.

En la era de las nuevas tecnologías el flujo de la información contable ha revolucionado el mundo. El acceso a resultados de última hora es inmediato en todo el globo terráqueo, el analista tendrá que ser mucho más avispado que en la antigüedad.

Por ahora será suficiente decir que el analista que parte de los estados financieros presentados por el contable, tratará de interpretar cuál fue la realidad económica a la que se enfrentaba la empresa durante el ejercicio estudiado. Mediante el estudio de los datos que ha recopilado el contable, analizará el presente y el futuro de la compañía.

El análisis se puede plantear a varios niveles desde ópticas diferentes. El estudio se puede centrar en una compañía o en un grupo de empresas; también puede haber interés en analizar un sector económico concreto o la actividad económica de un municipio, provincia o estado determinado. En todos los casos, la labor del analista contribuirá a profundizar en el conocimiento de la realidad económica a la que se enfrento el agente analizado.

En cualquier caso, habrá una distinción entre la figura del analista interno y del analista externo. El analista interno tiene una baza a su favor, dispone de información privilegiada al estar estudiando la empresa desde dentro. El analista externo, en el peor de los casos, sólo dispone de la información oficial que la empresa está obligada a presentar, con la cuál tiene que formular sus conclusiones.

La información obtenida en el análisis será a posteriori utilizada por la propia compañía como herramienta de selección, de previsión, de diagnóstico o de evaluación. Como herramienta de selección le servirá, por ejemplo, para decantarse por la alternativa más interesante de entre varios proyectos. Como herramienta de previsión le proporcionará información que ayudará a la toma de decisiones y así, llevar a cabo posibles acciones de futuro que eviten situaciones desfavorables para la empresa. Como herramienta de diagnóstico informará de la situación presente de la empresa en varios aspectos según sea el análisis. Y por último, si la información obtenida se utiliza como herramienta de evaluación, podrá descubrir la realidad económica a la que se enfrentó la empresa y descubrir puntos fuertes y débiles de su estructura. En los cuatro casos, la información obtenida será la pieza clave del informe que presentará el analista como conclusión.

¿Cuál es la razón de realizar un análisis de estados financieros? ¿A quién le puede interesar la información que se pueda obtener de dicho estudio? Hay varios grupos que pueden estar interesados en la información extraída del análisis. A estos grupos se les conoce con el término en inglés de “stakeholders” (el vocablo “stakeholders” se utilizó por primera vez por R. E. Freeman en 1984, en su libro “Strategic management: a stakeholder approach”. En dicho manual fue donde se inició el actual debate existente sobre los “grupos interesados en la empresa”; según lo que sería la traducción al castellano la palabra stakeholders), y son: el inversor en acciones, el otorgante de crédito, el gobierno, la sociedad, los clientes, los proveedores, los acreedores, los accionistas, los empleados y la dirección de la empresa. Se pueden incluir más grupos, como el analista de fusiones y adquisiciones, el auditor, o terceras personas como sindicatos o cualquier persona que tenga algún tipo de interés en la información que se puede extraer para un análisis, sin embargo, se reducirá el grupo de estudio a los citados con anterioridad y representados en la figura (1) sobre “stakeholders”. Los motivos de cada grupo son diversos y no tienen por que coincidir, ya que la relación que cada uno de ellos tiene con la empresa es diferente.

El inversor en acciones, por ejemplo, tratará de obtener información para responder a cuestiones tales como: ¿La empresa ha obtenido beneficios en el pasado? ¿Seguirá obteniéndolos en el futuro? ¿Cuál es la situación financiera de la empresa? ¿Qué factores pueden afectar a la empresa en el futuro? ¿Cuál es la estructura patrimonial de la empresa? ¿Cuál es el valor teórico de la empresa?

En cambio, el otorgante de crédito está interesado en la obtención de una información distinta. Las respuestas que pueda recibir el inversor en acciones no le satisfarán, en el análisis buscará soluciones a preguntas como: ¿Cuál es la razón de la necesidad de fondos de la empresa? ¿Dicha necesidad es a corto plazo o a largo plazo? ¿Genera fondos suficientes para pagar los intereses y devolver el principal? ¿Qué hizo la empresa en el pasado cuando necesito financiación ajena?

Por lo tanto, las necesidades que quieren cubrir cada uno de los grupos son distintas. El análisis deberá poder dar contestaciones a cada una de las cuestiones que planteen tanto, el inversor en acciones, como el otorgante de crédito, como el resto de grupos citados.

El orden establecido en cuanto a que herramientas y técnicas utilizar para poder satisfacer las demandas de información de los grupos que intervienen en la empresa, no es indicador de una prioridad en cuanto al análisis. El analista será capaz de adaptar las técnicas que se van a explicar al caso que esté trabajando. Lo importante, más que los datos extraídos en el proceso, es la conclusión que obtenga como diagnóstico y la receta con las instrucciones para mejorar el estado de ánimo de la compañía.